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- H-C-0058Número propio
- Base de datosCorrespondencia Hübner y otros
- Unidad documental: Correspondencia HübnerCarta
- Número de catálogo (B-Bash)
- Signatura del archivo
- ArchivoStaatsbibliothek
- AutorAureliano Fernández-Guerra y Orbe
- TítuloMadrid, 28 de octubre de 1875
- Fechas28/19/1875
- DescriptoresGestión documental
- Personas mencionadas (Informantes)Emil Hübner; Eduardo Saavedra y Moragas; Padre Fidel Fita Colomé; Sir Austen Henry Layard; Olao Gerardo Thychsen (Oluf Gerhard Tychsen); Francisco Pérez Bayer; Eduardo Laboulaye (Édouard René Lefebvre de Laboulaye); Carlos Giraud; Theodor Mommsen; Wilhem Henzen; Simón de Argote; Juan Bautista Rossi; Bernabé Morcillo; Miguel Rodríguez Ferrer; Antonio Cánovas del Castillo; Pedro González Velasco
- LenguaEspañol
- Transcripción
Sr. D. Emilio Hübner.
Mi muy querido amigo:
Anhelaba su carta de V. ¿Cómo no? ¿Son tantos los hombres de saber y de entendimiento, que (como V., y Saavedra y Fita) no hayan menester largos discursos y volúmenes, sino que se les muestre la verdad, para reconocerla y abrazarla?
Anhelaba su carta de V. con anhelo indecible, y al leerla, me quedé inmóvil cual herido de un rayo. Jamás pude ni imaginar siquiera, por donde había de escaparse el juicio de V.
Días y días he estado sin saber qué contestarle. Pensé hacerle fuerza con el voto de sabios extranjeros, que han venido a Madrid por ver a vista de ojos las innumerables antigüedades del Cerro de los Santos depositadas en el Museo Arqueológico Nacional. Citar a V. la autoridad de Mr. Layard , embajador de Inglaterra, tan entendido y competente, conocedor insigne de los monumentos orientales, y reforzarla con la de los dos conservadores del Museo Británico que, uno primero y otro después, han venido a Madrid para estudiar monumentos de tamaña importancia. Su legitimidad la han reconocido y confesado todos sin la más pequeña vacilación ni duda. En cuanto a su interpretación, se han encogido de hombros.
Pensé luego recordar a V. el nombre de Olao Gerardo Tychsen , que malogró tiempo e ingenio en querer demostrar ser falsas las monedas hebreo-samaritanas, para que nadie lo tome hoy en cuenta, proporcionándo envidiable corona a Pérez Bayer que supo gallardamente vindicarlas. Ni más ni menos Eduardo Laboulaye condenó como falsas o viciadas, con interpolaciones audaces, las tablas de Málaga, para que Carlos Giraud y nuestra Academia de la Historia, y Mommsen y Henzen, y V. y todo el mundo sabio, hayan proclamado su ingenuidad, sin que Laboulaye tenga valor para volver a su tema.
¿Sirvió de algo que la segunda de las dos Chancillerías de España (la de Granada), en juicio amplio, solemne y detenido, viniese a declarar falsa la inscripción de L. Atilio Hibero, mandándola despedazar por mano del verdugo, y que a las perdonadas como dudosas y condenadas a perpetuo encierro, no diese lugar el clarísimo Florez en ninguna de sus obras, ni Simón de Argote en sus Nuevos Paseos por Granada? El tiempo vino a hacerles justicia y eligió para ello las hábiles y adiestradas plumas de V. y de Mommsen. ¿Ustedes mismos no han agotado su peregrino ingenio, y acudido aún a sazonadísimos chistes para evidenciar que era torpe y menguada falsificación la piedra de Caravaca, y resulta incontrovertiblemente verdadera? Falsa han estimado V. y De Rossi la urna cineraria de Fabato en Niebla , y evidentemente genuina, existe empotrada en el muro de la mezquita árabe aguardando que hombres como V. la toquen y vean, y proclamen su sinceridad al orbe de la ciencia epigráfica. I. Chr. H. 13*
Pero renuncié pronto a echar mano de tales argumentos, y quise tratar de persuadir a V. formando minucioso inventario de los centenares de objetos hallados en el Cerro de los Santos que llenan toda una sala del Museo Arqueológico Nacional Español; como también de los numerosísimos que están en poder de personas particulares, del dueño del terreno, D. Bernabé Morcillo, de los Padres Esculapios de Yecla, del ex-gobernador de Murcia D. Miguel Rodríguez Ferrer, del ex-ministro D. Antonio Cánovas del Castillo, del médico D. Pedro González de Velasco, y de vecinos de Murcia y Alicante.
Propúseme averiguar en cada objeto su primer inventor y su primer poseedor, si era posible, y entrar luego en cuestión de dónde se han podido forjar y por qué, y para qué, cerca de ochocientas piezas, entre grandes y chicas, fragmentos de estatuas, cabezas, brazos, utensilios, armas, etc., y colocarlo todo bajo tierra, al pie de un antiquísimo templo griego, cuyas ruinas subsisten. Traté de comparar los muchos e importantes objetos encontrados en las excavaciones hechas de orden del Gobierno, a presencia del Director del Museo y de oficiales fidedignos, con los monumentos adquiridos por compra. Aspiré a demostrar que en ninguna de aquellas esculturas hay servil imitación y copia, sino arte valiente, adestrado, espontáneo, peculiar y propio de una antiquísima gente. Y me resolví a tomar la pluma, con la seguridad de que en vano querremos negar lo dificultoso y oscuro porque la verdad se abre paso por entre todas las desconfianzas críticas imaginables.
Con tales imaginaciones recorría yo, esta mañana, la sala del Cerro de los Santos en el Museo Arqueológico Nacional, cuando un amigo queridísimo, cuyo nombre ha unido V. al mío para transmitirlos con gloria a venideras generaciones , me dijo: “No se meta V. en esos laberintos. Escriba V. a nuestro Hübner dos solos renglones en estos o parecidos términos: He recibido su cariñosa carta, y en contestación le ruego que se anime a volver a Madrid; iremos juntos al Museo, verá V. las estatuas e inscripciones, y será su defensor más ilustre.”
Acepto el consejo, y a ello reduzco estas líneas, deseando que llegue el día que pueda, orillas del Manzanares, dar a V. un estrechísimo abrazo, su más apasionado y tierno amigo q. s. m. b.
Aureliano Fz-Guerra.
Tengo destinados a V. algunos calcos de inscripciones extremeñas y asturianas. ¿Cómo se los envío?
- Descripsitno
- Localización del hallazgoNiebla (Huelva)
- Topografía antiguaBaetica- Conventus Hispalensis- Illipula
- InstitucionesMuseo Arqueológico Nacional; Museo Británico; Academia de la Historia
- Otros objetosCerro de los Santos; monedas hebreo- samaritanas; tablas de Málaga; piedra de Caravaca
- InscripcionesIHC, 13*
- Observaciones
La inscripción que ocupa prácticamente el eje del discurso de Aureliano Fernández- Guerra en esta carta fue incluida por Emil Hübner en los Falsae vel suspectae de su obra Inscriptiones Hispaniae Christianae (IHC, 13*).
En este sentido, Aureliano Fernández- Guerra, dolido por la declaración del epigrafista alemán sobre la falsedad del epígrafe de Niebla, elabora lo que parece un juego de palabras, refiriéndose al "orbe" en la línea 27, como así mismo (puesto que su segundo apellido es Orbe)
- BibliografíaMiranda Valdés, J., Gimeno Pascual, H. y Sánchez Medina, E. (2011). Emil Hübner, Aureliano Fernández-Guerra y la epigrafía de Hispania. Correspondencia 1860-1894. Madrid: Real Academia de la Historia; Hübner, E. (1871). Inscriptiones Hispaniae Christianae. Berlín: G. Reimerum
- Información adicional en formato PDF
Autoría de este registroI.G.B.ImprimirPROGRAMA LOGOS DE AYUDAS A LA INVESTIGACIÓN EN ESTUDIOS CLÁSICOS 2019